Por qué me cuesta tomar decisiones y cómo influye el contexto y la culpa
Por qué me cuesta tomar decisiones y cómo influye el contexto y la culpa
Entre el deseo, el contexto y la culpa se mueven muchas veces la toma de decisiones. Podemos querer cambiar algo, movernos del lugar en el que estamos. Podemos querer, pero no poder todavía y podemos querer y poder, pero sentirnos muy culpables por priorizarnos. Cuando un año nuevo comienza, siempre viene acompañado de ciertas reflexiones. Forman parte de nuestro imaginario colectivo, es casi un ritual autoimpuesto del que pocas personas podemos escapar. Miramos hacia atrás, valoramos lo que hemos vivido, revisamos metas, logros, objetivos pendientes. Algunas personas lo anotan, otras hacen listados y por supuesto miramos hacia el futuro, proyectamos qué queremos cambiar. Puede haber objetivos nuevos o pueden ser los de siempre. Pueden ser acumulados de los que sentimos que nunca alcanzamos o venir con otros nombres, pero esconder los mismos deseos. La dificultad para tomar decisiones, las cuales implican un cambio, sintiendo que son “verdaderamente correctas” es muy complicado. Sentir que algo de lo que hacemos nos da la seguridad de que es cien por cien lo que mejor saldrá. Nos hará sentir o será mejor para nosotros o nuestros seres queridos es casi una utopía. Si analizamos desde un punto de vista psicológico la toma de decisiones nos damos cuenta de que nunca vienen del vacío, de la nada, de algo repentino, aunque alguna lo parezcan. Existe una red muy compleja de variables que interactúan para generarnos esa necesidad de cambio, sea interna o externa, y por supuesto también pueden bloquearnos esos factores. El contexto: la decisión no depende solo de nosotrosSe tiende a pensar que el resultado final depende de quién acaba tomando la decisión. Obviamente, somos el agente implicado que lleva a cabo la “acción”, pero tomar buenas o malas decisiones no es una cuestión de disciplina, sabiduría o esfuerzo. A veces las decisiones que tomamos, aun sabiendo que son las que necesitamos, nos hacen sentir mal y para esto no siempre se está preparado. Si fuera tan sencillo como relacionar buena decisión con buenas sensaciones, el mundo tendría mucha menos ansiedad, pero también mucho menos aprendizaje. Escapemos de esas frases de lo que se malentiende como psicología positiva “si de verdad quisiera hacerlo, lo haría. Esto puede ser cierto o no. Es una mirada simplista e ignora un principio básico absolutamente irrefutable: el comportamiento humano está profundamente determinado por el contexto. Cuando hablamos del contexto nos referimos a todo aquello que rodea la persona, desde su trabajo, pasando por su vida y relaciones personales, su situación económica, cargas, momento vital, salud física y por supuesto salud emocional. La misma persona puede tomar decisiones absolutamente diferentes en función de un solo cambio en todo su contexto. La misma persona puede sentirse más o menos segura para tomar una decisión y que ello dependa de su estado emocional de ese día, de si está bien o no con su pareja, de si ha cumplido o terminado sus tareas en el trabajo. Con todo esto no queremos sumarle más bloqueos a la toma de decisiones, absolutamente necesaria para una vida funcional y que a medida que crecemos se torna casi en algo que hacemos a diario, pero si queremos hacer hincapié en la necesidad de desarrollar herramientas para poder hacerlo sin culpa, para liberar nieblas mentales a la hora de hacerlo. Herramientas para la toma de decisionesEs evidente que la propia vida por ensayo y error nos va dotando de las herramientas que mejor nos ayudan a tomar decisiones. Algunas de esas herramientas nos serán ya siempre útiles para cualquier decisión. Como se diría en el mundo de la moda tenemos un fondo de armario para vestir y también fondo de armario para decidir. Otras cumplirán su función en un momento de la vida y no las volveremos a necesitar, pero todas ellas requieren un aprendizaje y por eso se pueden trabajar estrategias para desarrollarlas mejor. A la hora de tomar decisiones es importante que:
Acudir a terapia puede marcar la diferenciaLa toma de decisiones podría definirse como una habilidad que a lo largo de la vida entrenamos y que tiene mucho que ver con nuestra gestión emocional y nuestra psique. Acudir a terapia puede ser motivo de muchas dificultades y de iniciar caminos para mejorarlas y sentirnos mejor:
Cuando atravesamos un proceso vital difícil: duelo, separación, cambios laborales, enfermedad y un largo etcétera. La terapia nos ayuda a identificar los factores internos y externos que están interfiriendo, explora nuestra historia personal global que da forma a nuestras decisiones. Nos ayuda a desarrollar estrategias basadas en evidencia como la regulación emocional, establecimiento de metas realistas, reestructuración cognitiva y mejorar nuestra autoestima. El objetivo no es que la profesional que nos acompaña decida por nosotros, sino que nos ayude en el camino a entender qué queremos, qué necesitamos, qué podemos y qué nos está frenando. |
















