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Enamoramiento Adolescente: el primer amor, miedos y temores en Valencia

Enamoramiento Adolescente: el primer amor, miedos y temores

En nuestra sociedad febrero sigue siendo el mes del amor y hemos hablado en innumerables ocasiones del enamoramiento, el amor, sus fases, sus mitos y de herramientas para vivirlo de forma más sana, pero casi siempre desde la visión de los adultos: ¿Qué ocurre con las personas jóvenes?

Sabemos que la adolescencia es una etapa de la vida llena de novedades, de primeras veces, de intensidad y de experiencias nuevas. Se explora la identidad, los nuevos entornos, las relaciones, las emociones… Todo se amplía. Es una etapa preciosa, un viaje que a veces se olvida que hemos recorrido desde los ojos de nuestros ya adultos.

En ese viaje emocional, la familia o grupo de apoyo es un pilar fundamental que experimenta también ese cambio del proceso de la niñez a la madurez. Un viaje que no siempre es fácil, no suele serlo, pero en el que cumplimos un papel joven esencial, aunque a veces nos aleje temporalmente de ellos/as.

Los cambios no solo se producen en apariencia y a nivel físico, nuestro cerebro se ve invadido por una serie de cambios a todos los niveles que afectan a las emociones y como nos relacionamos con ellas y el entorno.

Dentro de todos esos cambios que afectan al individuo y lo que le rodea suelen darse también los primeros enamoramientos. Este proceso jugó un papel realmente importante en nuestro desarrollo personal, pudiendo marcarnos para toda la vida, y es que, aunque hemos hablado muchísimas veces de la toxicidad que manda la sociedad y nuestros referentes sobre esos “amores románticos”, las primeras relaciones suelen beber de esos tópicos.

La Naturaleza del “primer amor”

Hablar de enamoramiento siempre viene acompañado de una complejidad elevada. Para poder entendernos tenemos que hablar todos/as el mismo idioma y saber que enamoramiento y amor no son la misma cosa, pero que si forman parte de ese continuo en una relación de pareja.

El enamoramiento siempre implica la combinación de factores. Hablamos de la preciosa interacción que se da entre lo biológico y lo psicológico en este contexto social. Hormonas y emociones que se manifiestan en verdaderas representaciones de euforia y éxtasis en personas que tienen difícil controlar sus impulsos, por la edad, nada que ver por la voluntad como muchos piensan.

Os dejamos un artículo que puede aportarnos algo de luz para entender cómo funcionaba nuestro cerebro en la adolescencia.

Cultura y referentes adolescentes 

Aunque en nuestra sociedad cada vez hay más conciencia de las toxicidades que rodean al concepto clásico de enamoramiento, relaciones y amor, sigue habiendo muchísimos referentes e influencias que complican vivir las relaciones de forma saludable. Entre ellas que el enamoramiento dura eternamente o que es una fase mucho más larga o que su ausencia implica fracaso o ruptura de las relaciones.

El enamoramiento es una fase de las relaciones de pareja, sean de la índole que sean, que tiene fecha de caducidad (¡y menos mal!). Seamos adultos o adolescentes, el enamoramiento es una etapa de “enajenación” transitoria que distorsiona completamente nuestra realidad. 

Nada que sea malo o a evitar, pero sí es importante saber ubicarlo para disfrutarlo de la forma más sana posible.

Tras esta fase hay parejas que se acaban y otras que inician la fase de lo que vamos a llamar “amor”. Más pausada, más tranquila y que sabe más a elección que a huracán descontrolado. En esta fase es normal sentir que la intensidad baja, que no por ello la calidad de nuestro vínculo. Ya no estamos cegados, ni extasiados constantemente. Puede haber menos deseo y más tranquilidad.

Os dejamos otro enlace de referencia donde podéis encontrar más información sobre estas fases y sus implicaciones.

El verdadero problema de los primeros enamoramientos es que la mayoría de las veces llegamos a ellos sin información de calidad, afrontando una situación completamente nueva y que nos arrasa. Teniendo que gestionar las emociones propias y de la otra persona, con un montón de referentes que nos mandan mensajes comparativos. Películas, series, libros… ¡Las redes sociales! Publicaciones infinitas sí buscamos. Cada vez con información más saludable, pero es que en estas etapas y con este tema lo saludable no siempre es lo que más “vende” o llama la atención. Si como adultos esto cuesta de distinguir, con el cerebro adolescente se vuelve un verdadero reto que debería de requerir acompañamiento.

Sin ir más lejos, hay programas en prime time que muestran parejas, ya adultas, con dinámicas verdaderamente tóxicas y con muestras del amor basadas en los celos, control y posesión que se alejan del respeto, igualdad y felicidad que deberían aspirar, pero claro, la tranquilidad no vende en televisión. Es complicado alejarles completamente de este contenido, pero al igual que en muchas otras cosas, podemos darles herramientas para que lo detecten como “ficciones” y que pueda hacerles más sencillo experimentar estos procesos de forma saludable.

Una aventura para las personas jóvenes, un desafío para las familias

El enamoramiento siempre es emocionante, ocurra cuando ocurra. Precisamente en el cerebro de un adulto podríamos describirlo como un pequeño viaje en el tiempo a esa etapa de nuestro yo más adolescente.

La intensidad de todas estas emociones puede abrir las puertas a comportamientos impulsivos, obsesivos que pueden marcar nuestra forma de relacionarnos en el futuro.

Miedos y temores que surgen alrededor de las primeras relaciones de nuestros hijos e hijas:

  • Con los primeros enamoramientos aparecen también las primeras relaciones sexuales. No hablamos de coito siempre, pero sí de interacciones que tienen que ver con mayor o menos contacto físico y con la presencia del deseo en nuestra vida. Si todo ello lo juntamos con esa etapa de novedad, riesgos y “descontrol” aparece una gran preocupación por los posibles riesgos relacionados con la salud sexual.
  • Relaciones tóxicas. Al igual que hay riesgos para nuestra salud física, lo hay para nuestro bienestar emocional. El control, los celos o las relaciones abusivas pueden aparecer en estas relaciones (al igual que en cualquier relación adulta).
  • La ruptura. Igual que hablamos de la intensidad de todas esas emociones positivas, puede venir acompañado de mucho sufrimiento si se acaba.

¿Qué podemos hacer?

Ser modelo, mostrar modelos

Desde la infancia los más pequeños de la casa crecen oyendo hablar del amor, del enamoramiento y de las relaciones de pareja. Ser modelo no implica que no podamos fracasar en nuestras relaciones o que eso sea malo. Se puede enseñar desde una relación que continúa y se puede enseñar mucho desde el proceso de cómo gestionamos una relación que acaba. Lo importante aquí no es que los modelos más positivos son los más longevos, sino aquellos en los que el respeto es la base. 

Un ambiente familiar donde la comunicación no se violenta, sea respetuosa, se trabaje en resolver conflictos y se permita expresar que se siente, es esencial, para este y todos los aspectos de la vida.

Igual de importante es mostrar modelos saludables que hablar de aquellos a los que se enfrentan día a día. Películas, series, programas de televisión o contenido de redes que consumen. Aterrizarlo a contextos más saludables y enseñarles a ser críticos con su bienestar. Desmitificar los mitos del amor romántico puede parecer una tarea para profesionales de la psicología o la educación, pero está al alcance de todos recursos que como familias pueden ayudarnos a hacerlo. Existen libros, series e incluso cuentas de Instagram que podemos emplear como herramientas para ayudarles a consumir también informaciones más saludables.

Presencia y comunicación

Lamentablemente, la adolescencia marca siempre una pequeña distancia entre el mundo adulto y el mundo de esa personita que ni es niña ya, ni todavía adulta. Hay casos con mayor o menor distancia. Todo ello depende del contexto, posibilidades y relaciones familiares, por supuesto. 

Aunque como padres (o cualquier vínculo familiar/referente) no podemos ser amigos, podemos ser espacio de referencia ante los problemas y consejos. Cuanto antes empecemos a trabajar esos espacios de comunicación abierta, más sencillos será mantenerlos en la adolescencia. 

Es importante que en estos procesos no se sientan juzgados, aunque vayamos a darles una opinión contraria a lo que sienten, piensan o están experimentando. Enfocar la comunicación en las emociones es siempre más fructífero para crear espacios de apertura.  

Los límites personales 

Comunicación abierta no es falta de intimidad o control absoluto como medida de protección. Sabemos que es difícil y hay casos que realmente parecen complicados fuera de estas herramientas. 

Los adolescentes necesitan espacio personal y sentir que controlan su intimidad, al igual que siguen necesitando que les marquemos límites y les guiemos un poco en el camino a su autonomía. 

La terapia psicológica, ya sea individual o familiar, puede ser una herramienta muy necesaria en algunos casos en los que esta comunicación se ve afectada o ese establecimiento de límites se ve mermada o descontrolada. 

Puede que las personas jóvenes pasen por procesos que necesiten ayuda emocional y muchas veces no sepan que tienen esa herramienta y solo pueda darse si les permitimos acceder a ella, acompañándolos en ese proceso. 

Por todo ello…

Nuestro papel como familias es esencial y aunque difícil, muchas veces va más de mostrar y de tener presencia que de juzgar, porque en las primeras relaciones, como en todo en la vida, también hay algo de cierto en que equivocarse es una gran lección si se sabe caminar por ese sendero. 

 

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