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Cómo afrontar la jubilación en Valencia

Cómo afrontar la jubilación

La jubilación es una de las etapas clave de la vida. Es un cambio radical, marca un antes y un después. Por eso la manera en la que se produzca y como la experimentemos podría ocasionarnos malestar psicológico y emocional.

El gran cambio 

Está claro que cada persona afronta esta nueva etapa de una manera. El tipo de trabajo que hayamos desempeñado, la situación familiar, nuestras experiencias y expectativas sobre el tema afectarán a la manera en la que afrontemos esta situación.

La sociedad entiende la jubilación como el final de la vida laboral, la despedida de nuestra profesión. Muchas personas basamos parte de nuestra identidad en nuestro trabajo: somos médicos, mecánicos, enfermeros, abogados, fontaneros o cualquier otra profesión. Podemos mostrar al mundo nuestro trabajo como identidad, como carta de presentación y de repente perdemos esa definición, se convierte en “era”, “fui”... Y ahora: ¿Qué soy? ¿Cómo me defino?.

Así que, a veces, este cambio puede experimentarse como un duelo, una pérdida que genera un vacío en nuestras vidas.

Consejos para esta nueva etapa de la vida

Prepararse para el cambio

Los cambios siempre son complicados, aunque los estemos esperando con ilusión. De repente nuestra vida sufre un cambio radical porque tenemos que enfrentarnos a una nueva rutina completamente diferente, dejamos atrás lo que hemos estado haciendo día tras día desde hace mucho tiempo. 

Muchas veces las personas tienen las expectativas de que ese tiempo libre lo experimentaran como un desahogo, pero pasadas las primeras semanas sienten un vacío y pueden vivir esta experiencia como una pérdida, un duelo, no saben qué hacer o cómo llenar todo su tiempo.  

Por eso es importante prepararse para ese cambio de antemano. Puede ser de gran utilidad plantearte esta nueva etapa como una puerta a nuevas metas y objetivos, en función de tus preferencias y posibilidades pueden estar enfocados a viajar, estudiar, hobbies, autocuidados… Lo ideal es que abarquen todas las esferas de nuestra vida y que no nos centremos solo en temas de productividad, también compartamos tiempo con los seres queridos y dejemos hueco al ocio y al descanso. 

Establecer rutinas 

La jubilación puede verse como la ausencia de trabajo y responsabilidades y como consecuencia de ello podemos vernos en la trampa de transformar toda nuestra vida en pasividad, en no hacer nada, ni por obligación ni por gusto. 

Sentir que pasamos de 0 a 100 se contagia a todas las esferas de nuestra vida. Por eso es importante plantearse cambios, pensar en esta etapa para abordar aquellas cosas que no podíamos dedicarles tiempo porque no lo teníamos y establecer ciertas rutinas para nuestro día a día. 

No es necesario volver a atarnos en una rutina que sepa a obligación y que sea rígida, como un empleo, pero es importante dividir nuestro tiempo y que esas metas también tengan sus fechas estipuladas y sus horarios asignados. Evidentemente con una mayor flexibilidad y tranquilidad. 

La oportunidad de aprender

En esta etapa se abre una puerta a encontrar motivaciones que tengan que ver con nuestros gustos, con cosas que igual no hemos podido explorar por las limitaciones de las obligaciones laborales o familiares. Es el momento de permitirte soñar, de perderte en esas cosas que te gustan y que igual nunca has podido explorar, de volver a empezar a aprender. 

Pueden ser objetivos a largo o a corto plazo. Pueden ser cursos, habilidades o incluso estudios superiores. Podemos hablar de autoaprendizaje o de algo reglado. Dicen que el conocimiento no ocupa lugar, pero necesita tiempo y precisamente ahora es cuando podemos tener el tiempo de nuestro lado. 

Marcar límites 

En función de nuestra situación familiar es importante que marquemos límites con las personas que nos rodean. Que ahora no tengamos responsabilidades laborales no implica que tengamos que cargar con todo lo que las personas nos pidan o exijan. El “no tienes nada que hacer” depende de esos objetivos y metas que tengamos y deberíamos respetarlas y permitírnoslas. 

Un buen ejemplo puede ser el cuidado de los nietos o familiares. Está claro que habrá situaciones personales que requieran que estemos ahí y esto puede ser de gran ayuda para nuestros seres queridos y permitirnos compartir más tiempo con aquellos a los que queremos, pero no debemos confundir la ayuda con perder por completo la autonomía y la libertad del descanso que nos hemos ganado. 

Cuida las capacidades cognitivas 

Es importante tener en cuenta que en esta etapa de la vida nuestras capacidades cognitivas pueden verse afectadas, por eso es importante seguir entrenando a nuestro cerebro y mantenerlo activo.

- El entrenamiento cognitivo

Es un recurso terapéutico que permite frenar este desgaste de las capacidades cognitivas de las personas por el envejecimiento. 

Todas las personas vemos afectadas nuestras capacidades psicológicas con el paso del tiempo. Es evidente que las personas mayores no son tan ágiles mentalmente como en la etapa de la juventud o la edad adulta, pero el entrenamiento cognitivo con la ayuda de un profesional de la psicología puede amortiguar este desgaste. 

No debemos relacionarlo única y exclusivamente a un recurso al que recurrir cuando se presentan problemas específicos o alguna enfermedad. Es útil, sobre todo, en estas edades, para aprender a través de un conjunto de técnicas y estrategias a preservar y mejorar nuestras capacidades básicas psicológicas. 

Hablamos del lenguaje, la memoria, la concentración, escritura, la orientación, el cálculo y muchas otras áreas que pueden trabajarse para entrenar nuestras capacidades cognitivas y que con la jubilación pueden abandonarse. 

Pide ayuda

Si al entrar en esta nueva fase de tu vida sientes que no tienes el control para organizar y sentirte a gusto con estos cambios, puedes pedir ayuda. 

A veces caemos en el error de pensar que cuanto más experiencia tengamos en la vida, menos ayuda necesitamos o que ya no merece la pena intentar mejorar ciertas situaciones o establecer nuevas metas. 

Con el paso de los años podemos caer en la trampa de valorar menos nuestro bienestar psicológico, que nuestra salud física o el bienestar de la gente que nos rodea. 

Si sientes que no sabes como afrontar esta nueva etapa la ayuda psicológica puede aportar herramientas para sacarle partido a este tiempo, volver a permitirte establecer metas y objetivos y mejorar tu bienestar emocional. 

 

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