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El apego en los niños: qué es, tipos y cómo afectan en Valencia

El apego en los niños: qué es, tipos y cómo afectan

Seguro que habéis oído hablar del apego de forma positiva o negativa en función del contexto, pero siempre vinculado a las relaciones. Ya sean de pareja, familiares o de amigos es un término que se asocia al buen o mal funcionamiento de estás.

Es un concepto esencial que marca nuestra forma de relacionarnos y nuestros vínculos afectivos desde la infancia. Desde que somos pequeños nuestras relaciones personales y sus modelos nos marcan a lo largo de nuestra vida y pueden condicionar ciertas actitudes y comportamientos en la vida
adulta.

Cuando llegamos al mundo lo hacemos desde una gran situación de vulnerabilidad. Dependemos de los demás para sobrevivir durante los primeros años de nuestra vida. Esta dependencia marca los primeros vínculos y no solo estarán relacionados con las necesidades básicas fisiológicas, también hace referencia a lo emocional y afectivo.

¿Qué es el apego?

Podríamos describirlo como un lazo emocional, un vínculo afectivo, que se da entre dos individuos. La voluntad de querer permanecer cerca de esa otra persona y en contacto (no solo físico, también emocional).

La capacidad de desarrollarlo por las personas de nuestro alrededor comienza en la infancia y permanece a lo largo de toda nuestra vida, pudiendo modificar, intensificar y crear nuevos lazos a lo largo de la vida.

Aunque normalmente hablamos de apego asociado hacia otras personas podemos desarrollarlo por objetos u animales también, sobretodo con mascotas. Es una relación afectiva que tiene un gran valor para nosotros y que desarrollamos por primera vez con nuestros familiares o cuidadores principales. Estas primeras relaciones de afecto, y su forma de desarrollar y experimentarlo, pueden marcar la manera en la que nos relacionaremos con otros en el futuro.

Tipos de apego

Ansioso/ambivalente

Este primer estilo de apego negativo haría referencia a una vinculación basada en el miedo a la pérdida y el temor de abandono. Los niños no sienten que puedan recibir la atención necesaria en caso de necesitarla.

Sienten una gran incertidumbre y ansiedad cuando la figura de cuidado no esta presente, un gran sufrimiento. Suelen ser niños que no se separan con facilidad y necesitan el contacto constante.

Evitativo

En este tipo la figura cuidadora no busca el contacto con la persona vinculante.El niño siente que si la busca recibirá desprecio, rechazo o falta de cuidado.

Cuando no esta en presencia de la figura de apego no muestra vinculación o tristeza, más bien muestra una indiferencia.

Desorganizado

El cuidador o cuidadora ofrece atenciones y respuestas desproporcionadas a las necesidades que puede tener el niño. Es una mezcla de los dos anteriores apegos inseguros. Genera una gran indefensión provocando inseguridad.

Si la figura de apego no está se sienten intranquilos, pero a su vuelta pueden reaccionar de diferentes formas en función del momento y la situación. No tienen una vinculación clara y varía entre la alegría y el temor, el contacto y la evitación.

Seguro

Es un estilo de apego donde las necesidades y la independencia de los pequeños se ven, compensadas y atendidas en un buen equilibrio.

Se les permite explorar y tener libertad, pero se está presente para cuando aparezca una dificultad o necesidad emocional. Se genera un vínculo de confianza en la que la figura de cuidado puede no estar presente, pero se sabe que se cuenta con ella.

Aunque cuando se marchan o se alejan de ellos se sienten mal, estas emociones negativas desaparecen al poco tiempo y son capaces de interactuar de forma positiva con otros y el entorno.

¿Pueden afectarnos en el futuro?

Como hemos comentado antes, en función de los primeros vínculos que se forman en torno al apego y nuestras figuras de cuidado de referencia podemos desarrollar mejor o peor herramientas para relacionarnos con los demás y el entorno.

Las personas que en su infancia desarrollan principalmente apegos seguros tienden a sentirse respaldadas por sus círculos de confianza y también generan relaciones positivas.

Son personas más seguras de sí mismas y con un mejor autoconcepto y autoestima. En buenas condiciones pueden desarrollar sus metas y objetivos con mayor facilidad.

Es la forma más común y nos facilita desarrollar la honestidad y la confianza como los pilares en los que queremos basar nuestras amistades, relaciones de pareja y familia.

Por el contrario, cuando nuestros tipos de apego han sido mayoritariamente los que consideramos como negativos o inseguros podemos establecer relaciones tóxicas para nosotros mismos y con los demás. 

Puede costarnos establecer vínculos de calidad, confiar en los demás y desarrollar una buena autoestima. Favorecen las relaciones de dependencia emocional o maltrato y sentir un gran temor por la soledad y la pérdida.

En los casos más extremos puede llegar a desarrollarse algún tipo de dificultad o trastorno psicológico derivado de estas experiencias vividas en la infancia.

Aunque estos modelos pueden marcar nuestra forma de relacionarnos siempre podemos encontrar la manera de generar otros patrones que cambien esta forma de relacionarnos. 

El apego primario es muy importante para nuestro desarrollo y puede marcar nuestra edad adulta no significa que no podamos cambiarlos, mejorarlos y construir nuevos modelos para relacionarnos mejor.

Pide ayuda

Para modificar estos estilos  inseguros debemos involucrarnos en nuevas relaciones y vínculos afectivos. Debemos trabajar la confianza, la comprensión y el apoyo.

Desde la psicología podemos dotar de las herramientas adecuadas tanto a padres que se encuentran en las primeras etapas de desarrollo con sus hijos, como a personas jóvenes y adultas que puedan estar experimentando dificultades en sus relaciones por este tipo de modelos de apego.

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