Psicología Infantil -

Soluciones para el Miedo a la Oscuridad en Niños en Valencia

Soluciones para el Miedo a la Oscuridad en Niños

Se acerca una época en la que todos sacamos nuestros miedos a pasear, al menos los más típicos. Nos disfrazamos de ello, les hacemos honor y parece casi que los controlamos por una noche, pero ¿Cómo funciona? ¿Por qué tantas personas temen la oscuridad?

No solo en esta época del año el miedo es una de las emociones más populares, nos encanta contar historias, ver películas y leer libros que nos evocan estas sensaciones (de forma controlada, por supuesto) a algunas personas, pero a otras les resulta insoportable. 

También está la otra cara del miedo, la que no consideramos emocionante y divertida. La que nos paraliza y la que pretendemos eliminar por completo, hasta la llegamos a demonizar como si tenerlo fuese cosa solo de débiles, como si no tuviese una utilidad. 

Si el ser humano no lo sintiese, no temiese a ciertas cosas, no podríamos haber sobrevivido. Así que el no tiene que desaparecer, debemos aprender a gestionarlo, a ponerlo en su lugar.  

¿Qué es el miedo? 

Como hemos comentado antes, es una de las emociones básicas del ser humano y animales. Su principal función es activar el instinto de supervivencia, ponerlo en marcha. 

Como cualquier emoción, es igual de válida y necesaria que todas las demás. Nos protege, aunque a veces nos lo haga pasar muy mal.

Está presente en todas las culturas que conocemos y conlleva una serie de sensaciones desagradables. Nos sentimos indefensos y por ello nos suele incitar a escapar. 

Así pues, el principal problema proviene cuando nos lo provoca algo que dificulta nuestra vida y no nos aporta seguridad. Algo disfuncional, innecesario o exagerado que tiene más que ver con aprendizaje que con supervivencia.

Todo esto podemos llegar a comprenderlo y afrontarlo desde jóvenes y como adultos, pero a veces a los niños les cuesta gestionar sus temores. 

El miedo a la oscuridad 

Este es uno de los grandes miedos que sufren muchas personas a lo largo de su vida, sobretodo en la infancia y adolescencia. El miedo a la oscuridad se aprende de forma involuntaria, es adquirido. 

Si lo pensamos fríamente es bastante lógico temerle a la oscuridad, ya que nos priva de uno de los sentidos que más empleamos en nuestro día a día: la vista. 

Cuando estamos a oscuras nos sentimos desorientados. Nos vemos limitados a la hora de interactuar con el medio. 

Los niños relacionan todas estas circunstancias con un sentimiento intenso de indefensión y desprotección y entonces se activan muchos otros que generalizamos con la oscuridad.

Lo positivo de saber todo esto, es que al igual que este puede aparecer de forma innata podemos trabajar para sobrellevarlo y aprender a afrontarlo.

¿Cómo podemos ayudar a los más pequeños de la casa?

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Estoy segura de que como adultos os ha pasado que habéis visto una película, serie o leído un libro con el que habéis pasado incertidumbre o temor, pero no os ha ocasionado malestar. 

También estoy segura de que todos en algún momento hemos recordado esa escena o conversación un tanto lúgubre y hemos corrido a la cama o sentido temor al levantarnos al baño en mitad de la noche. No nos ha ocasionado más malestar y ha sido soportable y puntual, pero los niños experimentan estas mismas sensaciones y con mayor intensidad. 

Aunque el miedo a la oscuridad pueda aparecer de forma innata siempre está ligada a ideas de cosas peligrosas y terroríficas que pueden ocurrir en la oscuridad. 

Si ven películas o libros que evocan este tipo de pensamientos es más fácil que les vengan al recuerdo durante la noche y en la oscuridad. 

Jamás desvalorices sus miedos 

Si ridiculizamos sus temores o les restamos importancia puede tener un efecto rebote. Es decir, en el punto medio siempre está la clave. 

Tampoco podemos permitir que para que estén bien debamos dormir con ellos siempre, pero no prestarle atención a sus temores y dejarlos completamente solos puede tener consecuencias en su yo adulto. 

Debemos permitir que lo expresen y darles a entender que lo entendemos, pero sin alimentar los motivos que lo mantienen.

Como adultos sabemos que cuando sentimos algo o tenemos alguna problemática, no a todo el mundo puede parecerle igual de intenso o válido, aunque para nosotros lo sea. 

A los niños les pasa lo mismo y necesitan apoyo.

Irse a la cama con sueño

Esto es una de las claves para cuidar la higiene del sueño. Debemos evitar que realicen actividades o se expongan a estímulos que aumentan su actividad antes de dormir. De esta forma conseguiremos que se duerman con más facilidad. 

Si ellos mismos experimentan que pueden estar a oscuras por un largo periodo de tiempo del que no son conscientes (mientras duermen) y no les ha pasado nada, no han tenido que enfrentarse a ningun monstruo o peligro durante ese tiempo, irán desvinculándose de esa relación oscuridad-temor. 

Relaciona oscuridad con una experiencia positiva 

Su temor proviene del significado e interpretación que le da a la oscuridad, de las cosas que se imagina que pueden ocurrir en ella y ninguna es buena. 

Igual que conseguir dormir toda la noche sin ningún problema les traerá beneficio, conseguir que la oscuridad pueda ser divertida en determinados momentos o relajante también lo será. 

Al principio lo ideal es que esto ocurra estando nosotros presentes, mostrándoles que pueden hacer juegos, como leer un cuento o hablar de lo que ha ocurrido durante el día, y que no ocurre nada. Compartiendo experiencias en las que la oscuridad puede ser placentera y contándoles como ellos también pueden disfrutar de ella. 

Contarles un cuento antes de dormir, un cuento que sea tranquilo y bonito para ellos, con una luz tenue y una voz suave puede hacerles relacionar oscuridad con tranquilidad. 

Siempre bajando el tono o intensidad de la luz de forma progresiva y acompañándoles.

Pide ayuda profesional

Si este perdura en el tiempo y no mejora provocando alteraciones del sueño y pasando factura en su día a día una buena opción sería pedir ayuda de un profesional de la salud psicológica.

Ellos podrán dotarte de mejores herramientas y estrategias para afrontar este temor con los pequeños y ayudarles a ellos a ir afrontándolo de manera paulatina y llevadera. 

Recordemos que: “El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”. -Tito Livio-


 

 

 

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